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RUTA A
BESALÚ
Esta ruta ecuestre a Besalú se caracteriza
por la sorprendente belleza natural del
recorrido, por lo variado de sus paisajes, y
del pueblo de Besalú. Capital medieval de
Girona. Recorre una distancia total de
quince kilómetros, y se realiza en
aproximadamente tres horas efectivas de
monta, repartidas entre mañana y tarde. El
recorrido, comienza con una pequeña charla e
iniciación en la que se indica los puntos
básicos de la equitación y las
recomendaciones de seguridad. Nos
equiparemos y realizaremos unas pequeñas
prácticas en el picadero.
El recorrido comienza en Serinyà,
dirigiéndonos a través de encinares, en
dirección de la cuenca baja de los ríos
Serinyadell, Ser y Fluvià, es un recorrido
de cuatro kilómetros. Observaremos como la
vegetación característica de bosque
mediterráneo, en el que se intercalan las
encinas, los robles, los pinos y alguna
higuera, va dando paso a medida que
descendemos hacia el lecho del primer río, a
la vegetación característica de las riberas
húmedas. Los matorrales y la maleza de
zarzamora, mantienen un constante pulso con
los caminos. Tras franquear el Serinyadell y
atravesar el Ser, junto a una piscina
natural (muy útil en la época estival),
subimos hacia el camino de la central. En
esta zona, los pequeños huertos se combinan
con encinas centenarias, y una vez en lo
alto, nos ofrece una perspectiva del valle
del Ser digna de no perdérsela.
A cien metros del camino nos adentramos de
nuevo en el bosque. Comenzamos una secuencia
de descensos, hasta llegar al parque natural
del Fluviá. De nuevo, y esta vez de forma
inmediata, el bosque de encinares se
convierte en una enorme extensión de grandes
chopos y plataneros, donde el rastro de los
animales salvajes es evidente: El terreno
removido por los jabalíes, los enormes nidos
de las águilas en los árboles, el minúsculo
sendero entre la alta hierba virgen y
pequeñas colonias de helechos, nos delatan
los recorridos habituales de estos
habitantes.
Atravesamos las extensas arboledas, los
amplios humerales, hasta llegar a la orilla
del Fluvià.. Aquí el río ofrece un aspecto
respetable. Con una profundidad de medio
metro, transcurre con un ancho de cincuenta
metros aproximadamente. A nuestro paso, la
numerosa colonia de patos de cuello verde,
gaviotas y una amplia variedad de zancudas
ven roto por un momento el sosiego en el que
viven dentro de este espacio protegido, y
nos regalan un espectáculo de color y
sonido, mientras levantan el vuelo
alejándose de nosotros.
Comenzamos a salir del parque, y en una muy
suave ascensión llegamos a la pista. Un
camino agrícola, franqueado por campos de
cultivo y masías. A los pocos minutos, se
nos presenta en el horizonte Besalú. El
camino es recto y liso. Por primera vez en
todo el trayecto, al tener un horizonte
abierto apreciamos la sensación de calma, se
nos insinúa la vida sin prisas, en la que
resulta que llegas igual al destino, y
además tranquilo. Ya estamos en Besalú, y
tras una subida, se nos aparece su puente
medieval, sus murallas y edificaciones. Si
nos quitaran los vehículos, no sabríamos a
que época hubiéramos regresado. Atravesamos
la explanada del puente, entre la curiosa
mirada de todos los turistas que a todas
horas visitan Besalú, y ascendemos hacia el
otro flanco de la cuenca. A los pocos
metros, de nuevo nos acompaña por el lado
derecho el bosque de encina, y a la
izquierda se nos abre más y más a medida que
subimos de cota, toda la cuenca del Fluviá.
hasta el mar. Al contemplar este paisaje te
das cuenta que el verde es un color
indefinido con miles de matices.
Podremos ver todo el camino recorrido a
vista de pájaro, y nos asombraremos de
nosotros mismos de todo lo que hemos sido
capaces de cabalgar. Entraremos en un camino
asfaltado, y aunque en realidad es el acceso
para el restaurante donde inmediatamente
comeremos, respetaremos todas las normas de
seguridad que en la charla de iniciación
hemos aprendido. A los cinco minutos de
adentrarnos en el corazón de la montaña,
llegamos al Hostal Condal. Nos espera una
muy merecida comida. Estamos en medio de una
impresionante frondosidad, donde el bosque
se nos presume impenetrable,excepto para la
abundante fauna salvaje. Ahora todo el grupo
ya está compenetrado, y con la comida nos
sentimos reconfortados. Una tranquila
sobremesa, un suave paseo por las
instalaciones, y de nuevo a lomos de nuestro
compañero de aventura.
Descendemos por un pequeño sendero,
franqueando varias tierras de cultivo y
varios arroyos, y tras una considerable
subida, nos encontramos en medio de
montañas. Segimos el camino, y de pronto se
abre el horizonte en La Bruguera, una bonita
finca donde hacen cría de caballos para
bajar hasta el Ser, a la altura de Can Illa.
Atravesamos el río y seguiremos el camino
hasta Serinyà, donde culminará un día
inolvidable, en el que habremos hecho seguro
buenos amigos, habremos descubierto unos
parajes preciosos y tambien nos habremos
enriquecido un poco nosotros mismos. |